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MENSAJE EN EL CHAT
Esta es una de
esas tantas historias de la red; mientras nuestras vidas nos
hacen correr deprisa, ya que el mundo en que vivimos no se
detiene a esperarnos y cada cosa se aprende sobre la marcha.
Así casi por casualidad y por obra del destino, de la nada
resulta un todo y detrás de un monitor, por el cual hoy nos
comunicamos de las formas más diversas e impensables hasta
unas décadas atrás; aparecen la necesidad y la esperanza
humana de estar en contacto con alguien que nos resulte
similar al ideal de persona que nos visita en sueños,
desvelándonos en esas interminables noches de soledad y
deseo por tenerlo a nuestro lado, para poder aplacar todos
los dolores del alma y saber que ya no estamos solos.
Entonces en una de ésas tantas tardes en la cual nuestra
computadora nos sumerge en el mundo de Internet; alguien sin
rostro, en un lugar remoto de quién sabe donde y porque no
llamarlo... un perfecto extraño; se presenta ante nosotros
sin pedir permiso y nos hace saber que es él, al cual hemos
buscado por mucho tiempo en nuestro subconsciente. Es un
relato más como el de tantos otros que conocerán, pero esta
es mi experiencia de vida y quisiera compartirla con
aquellas personas que tienen la esperanza y la certeza de
llegar a conocer a ese ser especial el cual cambie sus vidas
de un momento a otro, un poco por sorpresa y otro poco por
el secreto que cada uno tenemos en lo mas profundo de los
sentimientos, el poder concretar el arte de amar.
Mi nombre es Viviana, soy de Barcelona y tengo 26 años. Mi
vida era bastante monótona y común al resto de la gente,
pero llevaba una enorme soledad a cuestas, debido a una
separación de pareja, de alguien que me hizo crecer en todos
los aspectos conocidos por mí hasta ese momento. Me resistía
a tener que soportar tantos recuerdos y no podía entender,
como todos los proyectos de una vida en común, se habían
diluido en un abrir y cerrar de ojos, sin previo aviso
dejándome sumergida en nostalgias y angustias por no saber
que rumbo sería el que me depararía el destino de aquí en
adelante. Solo me quedaba el escapar de la realidad mediante
el trabajo y los afectos que me rodeaban, pero sabía muy
internamente que esta persona, en la que me había
convertido, ya no era la misma de la cual siempre había
estado tan satisfecha, esa alegría y las ganas de vivir cada
vez eran más distantes y fugases. Esta careta comenzaba a
pesar demasiado, al punto de estar en un mundo irreal y
efímero, que no hacía más que aislarme en mis pensamientos
sin querer buscar mi bienestar.
Fue en el mes de Febrero cuando en una tarde cualquiera, me
dispuse a entrar a la red; elegí un chat al azar y comencé a
buscar con quien conversar y allí estaba un nombre simple y
común: Walter, al que le envié un mensaje privado para
saludarlo, a lo cual ese desconocido respondió y así sin
saber comenzó una amistad que con el correr de los días
crecía a pasos agigantados. Comenzamos por escribirnos mail
en los cuales describíamos nuestras respectivas vidas.
También estaban los llamados por teléfono, las largas horas
compartidas por Internet; en las cuales hubo en un primer
momento solo conversaciones, a lo que le siguieron y a
través de nuestras respectivas web cam: veladas con algún
brindis, el tomar un café o simplemente unos mates,
levantarme temprano por la mañana y compartir unos minutos
ya que él llegaba del trabajo y yo me preparaba para
comenzar mi día, era como si la red nos permitiera crear
cierta intimidad que se tiene con alguien que esta a nuestro
lado, pero la diferencia estaba en que esa inmensa distancia
se diluía, porque nosotros mágicamente la hacíamos
desaparecer con lo mucho que teníamos en común, las
confesiones y la necesidad por saber cada vez más, sobre esa
persona que estaba tan lejos, pero que se sentía cercana y
conocida aunque nunca habíamos estado frente a frente. Esa
amistad pasó a convertirse en un cariño sincero por ambas
partes, pero también crecía la intriga. Fue tal la ansiedad
por conocernos que me encontré viajando a Tandíl. Ese viaje
fue el más largo de mi vida; sentía temor, porque no tenía
en claro que iba a pasar con nosotros si es que podíamos
llamarlo así, pero presentía que estaba haciendo lo correcto
y ya no importaba nada, solo me restaba esperar a que esos
interminables kilómetros se esfumaran para finalizar con
tanta incertidumbre.
Era una mañana tranquila y radiante en Tandíl, ese era un
día más para muchos, pero para mí era el gran día. Cuando
llegue a la terminal él no estaba esperándome como habíamos
quedado por teléfono y eso en un primer momento me hizo
sentir un poco de inquietud, pero al pasar los minutos de
pronto entre todo ese gentío lo vi; jamás nos habíamos
cruzado antes de aquel momento pero al abrazarlo sentí que
mi cuerpo lo conocía desde siempre, ahora estábamos juntos,
el tiempo y las circunstancias del destino, nos dirían el
resto de esta, que desde ahora sería nuestra historia.
Llegamos a su casa, hablamos sobre el
viaje, mientras tomábamos unos mates. La situación era un
tanto extraña y aunque me esforzaba para no dejarme en
evidencia había tanto por conocer sobre él, que mis
pensamientos eran solo preguntas que me hacía en silencio y
aunque buscaba las respuestas, mi mente estaba muy dispersa
como para disipar todas aquellas dudas. Y en un momento al
cual no tengo muy claro en mi mente, Walter se acerco a mí y
me besó en los labios con ternura, entonces tuve la certeza
que ese hombre al que tenía frente a mí, ya no me era
indiferente, lo que nunca imaginé es que él; sería mi amante
perfecto. Llevamos mis cosas a su habitación y en medio de
todas esas palabras que fluían entre nosotros, nos besamos
nuevamente y al sentir sus labios abrir los míos en busca de
mi lengua, tuve una cierta excitación desconocida por mí
hasta ese entonces, nos sentamos por un momento en su cama y
al tenerlo cerca mío supe que en nosotros había eso a lo que
algunos llaman química, nos acariciamos y besamos por
algunos minutos más hasta que entre arrumacos y palabras
dulces, le dije que necesitaba darme una ducha, ya que el
viaje había sido agotador y eso serviría para renovarme, a
lo que él asintió.
Luego de aquel baño, me vestí a medias, arreglé mi
cabello, me maquillé y me dispuse a ir a su
habitación... Al abrir la puerta de la misma lo vi, él
estaba ahí acostado en su cama, esperándome con una
mirada intrigante y cautivadora que me dejo atónita,
pero a la cual supe disimular muy bien, eran tantas las
expectativas por saber lo que era estar con aquel hombre
que así, sin más me dispuse a quitarme la poca ropa que
llevaba puesta para solo dejarme la remera y de un
momento a otro ya estaba recostada a su lado... Me tomo
con suma delicadeza y comenzamos a besarnos primero con
ternura y luego con desesperación, en unos pocos minutos
ya estábamos completamente desnudos y rozando nuestros
cuerpos, que solo querían unirse y sentirse los dos en
uno, él me besaba los senos y acariciaba cada parte de
mi cuerpo, yo sentía como me excitaba más y más con cada
segundo que pasaba entre sus brazos, solo quedaba
entregarme por completo a él sin siquiera decir palabra
alguna, más que emitir gemidos de placer, hasta que en
todo ese delirio le pedí ó en otras palabras, le
supliqué me penetrara porque ya no podía con tanta
ansiedad y excitación. Cuando lo hizo, pude sentir aquel
pene maravilloso, que al entrar en mí, me hacía tener
oleadas placer y dolor, porque cabe resaltar que estaba
muy bien dotado; él se movía en mi de una forma única,
que solo me daba más deseo y necesidad por tener a todo
su miembro dentro de mí, no me importaba el dolor sino,
el sentir como me humedecía y los espasmos que me
causaba cuando intentaba entrar en su totalidad, pasados
unos minutos, decidí y él me dejó, tomar el control de
aquella descontrolada situación. Comencé por besar su
rostro, sus labios, su cuello, recorrer cada parte de su
pecho y vientre saboreando su piel y reconociendo ese
aroma a hombre que no hacia más que excitarme con una
pasión alocada conforme pasaban los segundos, así logré
llegar hasta su miembro que estaba erecto y expectante;
lo tome con una de mis manos y lo introduje en mi boca
para empezar a besarlo y lamerlo; primero deje que mi
lengua hiciera las delicias con la cabeza de aquel pene
que era enorme y bondadoso, luego continué por explorar
cada centímetro del mismo hasta llegar a sus testículos
que gustosos dejaron, los saboreara en su totalidad,
mientras podía escuchar su agitada respiración, ahora
era él quien gemía de placer y solo dejaba de hacerlo
para decirme cuanto y como le estremecía lo que estaba
haciendo mi boca a su pene erguido que se rendía en una
completa entrega. Yo estaba totalmente mojada y
extasiada por el deseo de sentirlo penetrarme nuevamente
y por saber en que forma gozaba, con cada caricia que le
propiciaba mi lengua a su glande, era hermoso sentir su
miembro en mi boca y saborear cada gota que le
succionaba para tragarlas una a una y deleitarme cuando
ellas recorrían mi garganta, solo pensaba en lo
delicioso que sería el que acabara en ella y tener todo
su semen llenándola en su totalidad, que se me hiciera
imposible el recibir todo ese esperma maravilloso...
Entonces con una de sus manos me atrajo hacia él, yo me
deslice hacia su rostro, lo besé con ansias de sentir
esa lengua lujuriosa en mi boca una vez más y con una
mano de cada uno nos ayudamos a introducir nuevamente su
miembro que estaba duro y mas caliente que antes, en mi
vagina que pedía a gritos ese pedazo generoso el cual
iba entrando en ella lentamente con movimientos suaves
primero, para convertirse después en una uniforme danza
de caderas, con caricias, besos, lamidas y sollozos,
mientras mi búsqueda desenfrenada era por tener uno de
sus dedos en mi boca y succionarlo como lo había hecho
con su pene, me invadían nuevas sensaciones al pensar en
tener su miembro en mi boca y vagina al mismo tiempo...
Y seguían los espasmos una y otra vez, que ya no sabía
dónde comenzaban ni en donde terminaban lo único que
quería era más de ese placer desconocido, que lograba
hacerme sentir pasión y deseo para tocar el cielo por
momentos en que el éxtasis era tal que anulaba mi mente
y la sumergía en un torrente de sentimientos nuevos...
Nos amamos tanto, de las formas más diferentes y las que
jamás hubiera explorado con otra persona, hasta que nos
fundimos en un orgasmo interminable, el cual solo
nuestros cuerpos sabrían explicar como fueron
sorprendidos por la satisfacción que nos invadió en
aquel instante. Así en medio de gemidos, susurros y
gritos, nos besamos una y otra vez hasta desplomarnos de
cansancio por tanta entrega al habernos hecho el amor
como dos viejos amantes que sabían exactamente lo que
esperaban el uno del otro sin el más mínimo reparo. Así
extenuados después de tanto placer, nos dormimos por
unos instantes, hasta que nuevamente cuando su cuerpo
rozó al mío y sin musitar palabra alguna, comenzamos a
amarnos otra vez durante un largo rato en que de aquella
habitación solo podían escucharse: nuestra agitada
respiración y el lenguaje que nuestra piel comenzaba a
descifrar con cada caricia que nos entregábamos. Ahora
era él quien estaba haciéndome suya nuevamente, entonces
me pidió que comenzara a masturbarme para él y con mucha
delicadeza, me ordeno que acariciara la parte superior
la vagina con mis manos suavemente, luego era solo una,
la que exploraba a medias en mi cavidad, mientras él
entraba y salía de ella una y otra vez. Me miraba a los
ojos deleitándose al ver como me tocaba y gozaba con,
por y para él, yo solo quería someterme a cuanto me
pedía sin ningún reclamo, más que algunos cuantos
gemidos por el gozo que sentía al saber que me penetraba
con fuerza. El dolor por momentos era agudo, pero la
sensación de plena satisfacción y placer podían hacer
calmar cualquier dolor, es más creo que hasta sentí
cierta excitación aún mayor, cuando supe y le confesé
entre sollozos que tenía una ansiedad incontenible por
sentir a su pene en lo más profundo de mis entrañas, no
importaba el dolor sino el tener ese hermoso miembro
recorriéndome toda y yo estaba dispuesta a dejar que lo
hiciera, no podía con todas aquellas sensaciones, lo
cual él me concedió... Eran mis dedos que buscaban
desesperados mi clítoris y sobre todo era Walter y lo
que me producía al penetrarme cuantas veces se le
antojada, que llegué a otro orgasmo desenfrenado,
mientras veía en su rostro la satisfacción que le
causaba el verme en esa situación a la que me había
arrastrado. Fue entonces cuando me colocó de espaldas a
él y comenzó por besarme con pequeñas mordidas: mi
cuello, los hombros, boca y labios; al oído me pidió que
quería penetrarme por la cola a lo que asentí sin
ninguna objeción y deje que me lubrique y comience
lentamente a hacerlo, primero con uno de sus dedos y
después con la cabeza de su miembro que comenzó a
ejercer presión, pero en forma tierna y suavemente. Al
cabo de unos cuantos minutos lo estaba introduciendo
tanto como mi cuerpo se lo permitía, para por
consiguiente hacerlo a su gusto, mientras en medio de
susurros me hacía saber, el placer que le causaba el
entrar en mi de aquella forma. Me acariciaba la vagina
con una de sus manos y con la otra me acercaba a él, yo
sentía que ahora él era quien tenía la situación
controlada y me encantaba el rendirme ante ese hombre
que hasta hacía poco menos de un día, no conocía. Ahora
sabía que la perfecta extraña era yo, ya que jamás había
dejado a alguien llegar tan lejos, esto me producía
cierto morbo por querer saber todo sobre mi sexualidad y
por otra parte me desconcertaba, porque estaba
comenzando a nacer en mí otra mujer que se había
reprimido durante mucho tiempo y sin saberlo. Él no
hacía otra cosa que enseñarme amar y a sentir, sin
inhibiciones y en forma natural. Yo estaba dispuesta a
todo por esa excitación que me invadía con cada
embestida de su miembro en mi interior y escuchaba las
frases que salían de su boca, para hacerme sentir toda
una mujer, me fascinaba el que me dijera: - ¡ que putita
mía que sos ¡..................Creo que esas palabras me
hicieron excitar aún más y solo pude asentir entre
gemidos y gritos, que se entre cortaban, con sus
movimientos en mí, así me hizo el amor una vez más hasta
hacerme llorar de placer, cuando me invadió otro orgasmo
que me quito el aire para terminar en llanto silencioso
de tanto éxtasis que me había
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